Celebra la oscuridad. Brennan Manning


Un cristiano pensaba que era de vital importancia ser pobre y austero. Nunca se le había ocurrido que lo realmente importante era rendir su ego, que el ego se engorda de la santidad tanto como de la mundanalidad, de la pobreza como de la riqueza, de la austeridad como de la lujuria. No hay nada de lo que el ego no se valga para inflarse a sí mismo.
DISCÍPULO: “Vengo a ti con las manos vacías”.
MAESTRO: “¡Entonces suéltalo de una vez!”.
DISCÍPULO: “¿Pero cómo puedo soltar algo, si no tengo nada?”. MAESTRO: “Entonces llévalo contigo. Tú puedes hacer de la nada una posesión. Y lleva tu renuncia contigo como un trofeo. No sueltes tus posesiones, ¡suelta tu ego!”.1
La muerte al yo es necesaria para poder vivir para Dios. Se requiere una crucifixión del ego. Por esa razón, la oración de un cristiano maduro inevitablemente lo dirige a la purificación de lo que san Juan de la Cruz llamó la oscura noche de los sentidos y del espíritu en la que, a través de la soledad y la aridez, entierra el egoísmo y nos lleva a salir de nosotros mismos para experimentar a Dios.
La “noche oscura” es un lugar muy real, como cualquiera que haya estado allí se lo podrá decir. Alan John la llama “la segunda conversión”. Mientras que la primera conversión se caracteriza por el gozo y el entusiasmo, y está llena de consuelo y un profundo sentido de la presencia de Dios, la segunda está signada por la sequedad, esterilidad, desolación y un profundo sentido de la ausencia de Dios. La noche oscura es una etapa indispensable del crecimiento espiritual tanto para el cristiano de forma individual como para la iglesia. Merton escribió:
Hay una necesidad absoluta de la oración solitaria, simple, oscura, que sobrepasa los pensamientos, los sentimientos (…) A menos que esa dimensión esté
presente en la iglesia en alguna parte, todo carece de vida, luz e inteligencia. Es una especie de estabilizador y brújula oculta, secreta, desconocida. Sobre esto no tengo dudas ni vacilaciones.2
Aunque es dolorosa, la purificación del ego en la noche oscura es el camino supremo a la libertad y madurez cristiana. De hecho, a menudo es la respuesta a la oración.
¿Alguna vez has orado para poder ser una persona de oración? ¿Has orado alguna vez por una conciencia más real y patente de la presencia de Dios a lo largo de todo el día? ¿Has orado alguna vez para poder ser más bondadoso y humilde de corazón? ¿Has pedido alguna vez un espíritu que pudiera tomar distancia de las cosas materiales, relaciones personales y comodidades? ¿Has clamado por un aumento de fe?
Yo sí, y sospecho que todos hemos orado pidiendo esos dones espirituales. Pero me pregunto si de veras queríamos lo que dijimos cuando pedimos esas cosas. ¿Realmente queríamos lo que estábamos pidiendo? Creo que no. De otro modo, ¿por qué retrocedimos con asombro y tristeza cuando nuestras oraciones fueron respondidas? El sufrimiento contenido en llegar a la respuesta nos hizo apenarnos de haberlo pedido por empezar.
Pedimos crecimiento espiritual y madurez cristiana pero realmente no las queremos (al menos no en la forma que Dios elige concedérnoslas). Por ejemplo, si le pedimos al Señor que nos haga orar más, ¿cómo contestará Él nuestras oraciones? Llevándonos sobre nuestras rodillas por medio de la adversidad y el sufrimiento. ¿Alguna vez has oído a un cristiano quejarse: “¿Qué pasó aquí? Desde que ‘nací de nuevo’ todo se vino abajo. Perdí mi trabajo y las llaves del auto, me peleé con mi esposa, me subí al avión equivocado y acabé en Filadelfia en vez de en San Francisco”?
A través de una secuencia de acontecimientos humanos (divinamente inspirados), el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo nos lleva a un estado de devastación interior. Cuando estamos allí, es muy probable (aunque no inevitable) que nos volvamos más a la oración. Hasta ahora tal vez no habíamos estado orando con tanta profundidad. Pero ahora estamos orando de verdad. Podemos no estar haciendo tantas oraciones, y podemos no estar siguiendo al pie
de la letra las fórmulas establecidas que suponíamos que eran correctas, pero estamos orando como nunca antes en la vida. Dios nos está acercando a Él. Preguntamos: “¿Qué está ocurriendo?” Y la respuesta llega así: “¿No recuerdas? Esto fue lo que pediste. No hay gracia barata. Querías ser una persona de oración. Ahora lo estás haciendo”.

Brennan Manning
Extraído del libro: La firma de Jesús

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